Demanda de Apple a OpenAI: un error por correo electrónico arruinó la negociación secreta por robo de secretos comerciales

Una serie de negociaciones confidenciales destinadas a evitar un enfrentamiento judicial entre Apple y OpenAI colapsó abruptamente debido a una confusión con un correo electrónico enviado por la representación legal de la compañía de Cupertino. La falla en las comunicaciones frustró la vía extrajudicial y desencadenó una demanda formal presentada por Apple ante un tribunal federal de Estados Unidos, en la que acusa a la firma de inteligencia artificial, a la empresa io Products y a dos excolaboradores de apropiación indebida de secretos comerciales.
Según consta en los documentos judiciales presentados ante la justicia federal estadounidense —revelados inicialmente por NBC News—, la querella de Apple apunta directamente contra Tang Tan, antiguo vicepresidente de diseño de producto de la manzana, y Chang Liu, exingeniero eléctrico de sistemas. Apple sostiene que Tan aprovechó su conocimiento sobre proyectos confidenciales de hardware para presionar a candidatos durante entrevistas de trabajo en su nuevo rol, llegando incluso a solicitar piezas físicas de componentes en desarrollo.
Por su parte, la demanda detalla que Liu extrajo supuestamente una compilación de más de mil páginas con documentación técnica de fabricación de placas de circuitos impresos tras explotar una vulnerabilidad en los sistemas de seguridad interna de Apple. Mensajes corporativos citados en el expediente indican que el propio ingeniero hizo comentarios burlescos sobre el fallo informático antes de descargar los archivos. En el sector tecnológico estadounidense, donde la legislación federal sobre secretos comerciales exige a las empresas demostrar que tomaron medidas razonables para proteger su información confidencial, la vulneración informática y el trasvase de talento clave representan los principales detonantes de litigios de alta propiedad intelectual.
La disputa legal estuvo a punto de resolverse sin llegar a las cortes. Antes del inicio de la causa, Gabriel Gross, abogado del bufete Weil, Gotshal & Manges en representación de Apple, envió una notificación formal al director jurídico de OpenAI, Che Chang, titulada “Antiguos empleados de Apple en OpenAI retienen información no pública, confidencial y de propiedad exclusiva”, acompañada de material probatorio. Sin embargo, apenas trece minutos después, Gross envió un segundo mensaje en el que agradecía a Chang una supuesta conversación telefónica recién sostenida.

Esa llamada telefónica jamás tuvo lugar entre ambos directivos legales. La interacción real se produjo entre Gross y un exempleado de Apple apellidado Wang —actual trabajador de OpenAI—, quien había respondido por error al hilo de correos ofreciendo su cooperación inmediata. Al recibir el agradecimiento por una llamada que no realizó, Chang interpretó que Apple estaba fabricando un registro falso para presionar a su representada. Tras denunciar la anomalía ante dos abogados internos de Apple y acusar a Gross de falsedad, las conversaciones se rompieron definitivamente a pesar de las disculpas emitidas por el abogado externo.
Tras este quiebre de confianza, la comunicación entre los departamentos legales cesó hasta la radicación definitiva del caso en los tribunales. Apple no solo exige la destrucción inmediata de todo el material confidencial en posesión de OpenAI y la cesación de transferencias irrestrictas de datos, sino que solicita judicialmente una orden de rediseño para los futuros productos de hardware desarrollados por la compañía de inteligencia artificial y su firma vinculada io Products, buscando garantizar que no incorporen componentes ni arquitectura tecnológica derivados de sus secretos de fábrica.








